| Memoria de Betijoque: El ánima del cerro |
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| Domingo, 08 de Abril de 2007 14:17 |
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Rafael de J. Argüello G; Diario el Tiempo Es costumbrismo del pueblo venezolano, engarzado en las profundas raÃces de la nacionalidad, el culto religioso a las benditas ánimas de purgatorio. Asà vemos en los antiguos caminos de la época colonial, que aún perduran. Y también en las modernas vÃas de comunicación vial, la permanencia de esta tradición, representada en cruce que señalan que allà murió un cristiano, fuese cual fuese el motivo de su deceso. Eran y son predilectas de este culto popular, las ánimas de los cristianos que murieron en forma alevosa y también en su contraparte, los asesinos de toda Ãndole, que en base a su innumerable violencia, crÃmenes y violaciones, fueron ajusticiados por sus crÃmenes. Estas ánimas, son invocadas, con cierta preferencia por el pueblo, que en sus momentos de angustia o problemas o peligros personales inminentes, solicitan su intervención para la solución de sus problemas. De esta manera se va formando una devoción religiosa acrecentada por una especie de aureola de milagros y leyendas, más o menos ciertas o falsas que son propaladas por sus devotos. En nuestro paÃs son numerosos los ejemplos de esta devoción popular. Asà tenemos el culto al ánima de Gregorio de La Rivera, caballero español que por allá por el siglo XVII, en la ciudad de Mérida, dio muerte en forma violenta al cura confesor de uno de los conventos de esta ciudad. Esta ánima se invoca con preferencia al don que tiene de encontrar los objetos perdidos. A pocos kilómetros de la ciudad de Coro y en la autopista que la une a la ciudad de Punto Fijo, en pleno istmo de la penÃnsula, se encuentra una capilla levantada en memoria y devoción de las ánimas de Guasare; cuyo origen data de comienzos del siglo XIX; cuando un numeroso grupo de habitantes de las comunidades de la penÃnsula de Paraguaná viajaban a pie hasta Coro, en solicitud de ayuda alimenticia, a causa de que por cambios climáticos se habÃa desatado una hambruna que amenazaba con acabar con todos los habitantes de la región; estas personas no alcanzaron a llegar a su destino y murieron por inanición en este lugar de Guasare; allà fueron enterrados todos los hombres, mujeres y niños y en el mismo sitio se levanta esta capilla que es visitada por los numerosos viajeros que circulan por esta carretera. Las Animas de Guasare son famosas en todo el paÃs, a causa de la protección que otorgan a sus devotos. Aquà en terrirtorio de nuestro municipio, también tenemos un ejemplo de este culto popular; identificado bajo el nombre del Anima del Cerro; nombre bajo el cual lo han identificado los pobladores de las comunidades vecinas como La Laja, Sabana Libre, El Alto, Escuque, San Juan, San Pedro y Sara Linda. Su origen data desde el año 1956; cuando todas estas comunidades se vieron conmocionadas por una extraña noticia, muy insólita para la época -por la circunstancia de que la policÃa polÃtica, o sea la Seguridad Nacional del régimen dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez, ejercÃa un férreo control sobre el orden público-. Este suceso fue la denuncia que ante las autoridades hicieran un grupo de cazadores que, recorrÃan el Cerro de Ponemesa, al encontrar al pie de un árbol y en plena montaña, la osamenta de un ser humano, que conservaba restos de sus vestidos. Pese a los esfuerzos de las autoridades al tratar de identificar a estos restos entre los poblados vecinos, nada se pudo esclarecer y se tejieron muchas conjeturas sobre su identidad; en una de ellas se decÃa que estos restos pertenecÃan a un poblador del vecino Escuque, que se habÃa refugiado en estos montes a causa de la desfiguración de su rostro. Por sufrir de un avanzado estado de la enfermedad de la lepra. Como no se llegó a ninguna noticia cierta sobre la identidad del sujeto, se ordenó que fuesen sepultados en el mismo lugar donde fueron hallados. Con el transcurrir del tiempo la creencia popular en las ánimas del Purgatorio, fue creando alrededor de estos restos, un culto, una devoción netamente popular; sus creyentes construyeron una especie de capilla rústica que cubre su sepultura, protegida de los animales salvajes por un montón de piedras, que sirven a la vez para sostener las innumerables velas encendidas que constantemente pueden verse. También se encuentran en este lugar, numerosos objetos ofrendados en señal del pago de los favores y milagros que esta ánima otorga a sus creyentes. Objetos tales como: Enyesaduras, muletas, piezas de autos o de motocicletas, trajes de novia, etc., asà como gran cantidad de pequeñas reliquias. Esta sepultura ostenta una pequeña cruz donde se lee la siguiente inscripción: JUSTO B. Por las averiguaciones hechas entre los habitantes de La Laja, los más longevos dicen que ese no es el nombre de este muerto, sino de su enterrador. De todas maneras es un misterio el verdadero nombre del ánima del Cerro. Esta atracción de Ãndole religiosa, que podrÃa catalogarse, pero en grado menor a las peregrinaciones que acuden al pueblo de Isnotú, se unirÃa a las del monumento a la Batalla de Betijoque; a las ruinas del pueblo extinguido de San Juan de Carambú y a la Piedra Pintada -el único petroglifo que existe en toda la región trujillana- con el consiguiente complemento de estar unidos estos centros de interés histórico-religioso y arqueológico por el antiguo Camino Real de los Españoles, trazado y construido en el año de 1578. Si en realidad hubiera una verdadera y sincera polÃtica de la explotación del turismo, estos lugares serÃan un poderoso atractivo para el desarrollo de esta industria. |
| Última actualización el Lunes, 27 de Abril de 2009 14:58 |